La caja de los hilos |
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Por El Sastre La habitación de Klaus, después de un largo descanso, regresa con un relato de Tomás Lobo marcado por la desolación de la pérdida. En ocho tiempos diferenciados, "Desde mi ventana" deambula por la tragedia amorosa a ritmo suave, dejándose llevar por un escenario de frío y dolor en que los rescoldos de la pasión no acaban de apagarse. Pero La habitación de Klaus no solo ha incorporado el cuento de uno de nuestros colaboradores habituales. Como la cosa va de amor, en su página principal podréis disfrutar de cuatro cortometrajes en los que el humor y el drama conviven mientras palpita el corazón. El primero es el multipremiado "Diez minutos", de Alberto Ruiz Rojo. Cuenta la historia de una persona que llama al servicio de atención al cliente de su teléfono móvil para solicitar una información, de ello depende que pueda recuperar a su chica. Pero la frialdad de los servicios de información telefónica complica las cosas. Otro es el maravilloso "18 segundos", dirigido por Bruno Zacharias y McGregor. Descubre la importancia de contar el tiempo y de cómo es posible que una ligera variación puede cambiarlo todo. "Préstamos" es el último cortometraje de Pilar Gutiérrez Aguado y se pudo ver en la primera sesión de Proyectaragón (hoy, a las 19.30, podréis ver la tercera). Humor y pasión en un escenario futurista y surreal, en el que un vale de amor cuesta más de lo que parece. El último corto es "Microfísica". Producido por Toni Verd y dirigido por Joan Carles Martorell, es un maravilloso y conmovedor recorrido íntimo por el fracaso amoroso. Bueno, lo dicho, disfrutad de La habitación de Klaus y nos vemos (nos leemos) muy pronto. El óleo que ilustra este artículo es del pintor hiperrealista estadounidense Damian Loeb. Su título es "Rear Window". Amor... Por El Sastre Sonia Fides nos envía un microcuento de luz, color y autopistas. Te queremos, Sonia. Ella circulaba por la autopista en la dirección correcta. Le resultó imposible desobedecer la machacona perorata de su GPS. Poco a poco fue descubriendo que las luces de los faros de los demás coches habían cambiado de color y que el amarillo dejaba paso a ese día imaginario que le proporcionaba a la carretera el azul casi histérico de las luces de xenón. Sin embargo en cuanto se quedó sola de nuevo, supo que a pesar de los adelantos en el sector de la automoción, la oscuridad siempre encontraría lugares desde los que defender su status quo. Sonia Fides (Madrid, 23 de octubre de 2009) Nuestra devoción por ese genio llamado Miles Aldrigde nunca será lo suficientemente grande. Él es quien acompaña a Sonia en este relato. Luces... Por El Sastre Vicky Calavia nos envía el programa de la III muestra Proyectaragón, que comienza mañana, 20 de octubre, en Zaragoza, Graus (Huesca) y Andorra (Teruel). Habrá cine hasta el próximo 29 de diciembre. Proyectaragón, muestra Audiovisual Aragonesa, inicia su tercera edición con energías renovadas y con la confianza puesta en el cine hecho y producido por realizadores de esta comunidad que nos ofrecen su propia visión del mundo en un puzzle de miradas críticas, lúcidas, tiernas, descarnadas, con un toque de humor, o de amor; de miradas adolescentes, femeninas, vagabundas, viajeras; de miradas al paisaje, la calle o las aulas; mudas, alternativas, animadas… miradas surreales, de voz, polvo, niebla, cierzo y sol. Javier Jaén, autor de la imagen que acompaña este artículo, es un diseñador e ilustrador que muestra un mundo en el que nada es lo que parece. Mira... Por El Sastre Hace un par de semanas nos dejó Rolando Mix, poeta chileno residente en Zaragoza desde hace más de 25 años y que siempre nos conmovió con su compromiso y su amor a la palabra. Perseguido en su país natal por el régimen corrupto y asesino de Pinochet, Mix recaló en Alemania y, después, en España donde pudo proseguir con su obra poética. Alicia Lázuli pudo disfrutar de la participación de Rolando en la muestra Zaragoza Rebelde. "Comenzó leyendo unos poemas un escritor chileno que seguro que tú conocerás, Rolando Mix. No sabría decirte si temblaba más el papel que llevaba en las manos o cada uno de los que lo escuchábamos. Habló de ideas, de cárcel y de exilio. También habló de muros y esperanza, de economía, de vida cotidiana...". Apasionado del lenguaje y la libertad, Rolando Mix se marchó el 24 de septiembre a los 78 años. Aquí os dejo su último poema: La tierra es un planeta redondo Gracias también a ti, negra... Mercedes Sosa - Gracias a la vida.mp3 Por Alicia Lázuli El Sastre me ha dicho que mis crónicas son un disparate, que la gente quiere actualidad, que a nadie le interesa lo que ocurrió hace ya dos semanas y en Jaca. Pero yo soy lenta. Y además, con suerte, tendrá que pasar un año hasta que algo parecido vuelva a suceder, así que aquí estoy, de vuelta con el cuaderno, demasiado pronto. Me enteré porque Damián envió un correo recomendando un curso que ofrecía la Universidad de Zaragoza y me pareció buena idea poner fin al verano con un ejercicio literario. Aunque salí de la Residencia Universitaria con tiempo más que suficiente, llegué al Palacio de Congresos –por esa extraña relación que a menudo mantengo con el espacio- cuando ya la directora del Curso, Clara Marta (una loca de los cuadernos que da clases en la Escuela Superior de diseño en Zaragoza) había comenzado la presentación. Me violentó mucho comprobar que todo el mundo se dedicaba a hacer dibujitos mientras ella hablaba y pensé que por muy aburridas que fueran sus palabras no estaba justificada esa generalizada falta de respeto. Cuando Eduardo Salavisa comenzó su conferencia en portugués –apoyado por Marguerida, una mujer fantástica que intervenía cuando había alguna dificultad con el idioma- yo ya intuía que algo no estaba claro. Cuando Antonia Santolaya acabó su discurso ya estaba cautivada y era evidente que una vez más me había equivocado, que aquellas no eran unas jornadas literarias y que estaba rodeada de más de sesenta chalados que no habían ido a Jaca para escribir relatos, sino para dibujar la realidad en sus cuadernos de viaje. Los talleres programados para la tarde no iban, por tanto, a consistir en escribir historias a base de figuras retóricas sino en pasear por la ciudad capitaneados por dos de los conferenciantes, dibujando esquinas, edificios, personas o avenidas en la libreta numerada que Choni, una artista de la encuadernación, había construido para cada uno de los participantes. Yo estaba aterrorizada porque lo más aproximado a un dibujo que había hecho en mi vida eran los garabatos en la arena con mi hermano Fede cuando íbamos de vacaciones a Torredembarra. Tuve que echar mano del truco de la cerveza para quitarme de encima la vergüenza. A la tercera caña dibujaba con toda naturalidad al camarero que, al sentirse observado, comenzó a medir sus movimientos como si yo tuviese realmente el poder de inmortalizarlo en el papel y quisiera mostrar su mejor pose. Fue muy emocionante. Los dos días siguientes actuaron el resto de los artistas invitados: Simonetta Capecchi, Lapin, Enrique Flores y Gabriel Campanario. Impresionantes todos. Me fascinaron los cuadernos que Severino Pallaruelo confecciona con los bolsos destrozados de su esposa. Celebré el error que me había llevado a estas jornadas, aunque me sintiera como el patito feo porque no sólo los conferenciantes eran buenos, también los matriculados en el curso dibujaban de muerte. Y si las conferencias y talleres resultaron apasionantes, las noches fueron el broche mágico. Nos reuníamos acabada la cena –que parecía una concentración de psicópatas del lápiz y de la acuarela- en la terraza interior de un bar que hizo de sede tanto como el Palacio de Congresos. Recuerdo a una chavalita rubia con cara de no haber roto un plato en su vida que nos tumbó a todos ya la primera noche. No hay que fiarse nunca de las caritas de ángel. Al trío de murcianos, a Agnes y J., a Beatriz, a Helena la preñada y a la otra loca que se colgaba los cuadernos de la oreja. Recuerdo a Javier de Almería, al de Logroño -que el primer día ya se había ventilado la libreta-, a Edurne la arquitecta, a Encarnación. Recuerdo a Carolina y a su novio, a Toño el largo (y digo largo no sólo por su ingenio, que le quedaban cortas de manga las camisas), al de Alcañiz, a Jonathan, a su joven amigo, a Lapinette… Recuerdo a tanta gente que no es posible dedicarles a todos una frase, porque me pasaría con mucho de los tres mil caracteres que acepta como máximo el Sastre. Después de esta experiencia inolvidable, tengo que escribir a mi tía Neus porque he decidido matricularme en la academia Cañada y voy a unirme al colectivo Urban Sketchers del que nos habló Campanario. En las próximas jornadas el patito feo se habrá convertido en el cisne de la acuarela, ya veréis… Los apuntes del portugués Eduardo Salavisa, realizados durante el curso celebrado en Jaca, nos devuelven la naturalidad agreste y sin trucos de la ilustración auténtica. A otra cosa... The New Pornographers - The Bleeding Heart Show.mp3 The New Pornographers - Streets Of Fire.mp3 The New Pornographers - Twin Cinema.mp3 Por El Sastre Tomás Lobo nos regala un cuento de amor, ahora que llega el otoño y su inevitable melancolía. R se apoyó en el quicio de la puerta, en silencio, observándola con un cierto rubor en las mejillas. P no sabía si invitarle a entrar o no. Habían hablado toda la noche, parecía que se gustaban. “No dices nada”, dijo P. “No quiero que nada de lo que diga cambie la emoción de esos ojos con los que me estás mirando”, respondió. Y volvió al silencio. R pensó que acababa de decir la última chorrada antes de escuchar un compasivo “buenas noches, ya nos veremos”. Pero no fue así. “Es precioso lo que me acabas de decir”, murmuró P, mientras le daba un beso suave en el cuello y pensaba en lo interesante que parecía ese chico desconocido, camarero del bar de siempre, al que nunca le había prestado demasiada atención, pero que aquella noche sabía decir las palabras exactas que enamoran a una chica. R se puso un tanto nervioso mientras P abría la puerta. Su casa era pequeña, llena de libros y discos, con una minúscula cocina americana ordenada con pulcritud. P cogió unas cervezas del frigorífico y le ofreció una a R. El chico bebió un trago para entretenerse con algo que evitase la conversación directa. Quiso fumar, pero ella le dijo que en su casa no. “¿Seguirás diciéndome cosas bonitas?”, preguntó P con una media sonrisa mientras devolvía el cigarrillo de R al paquete. R se quedó parado. Él nunca decía cosas bonitas. Solía desenvolverse con un “lo siento, me queda poco cambio” o “en diez minutos cerramos”. A veces soltaba un “déjame en paz” o “vuelve más tarde”. Con las chicas se defendía con unos minutos de conversación insustancial y un “¿te vienes a mi casa?” que solía funcionar. Pero nunca decía cosas bonitas, de esas que enamoraban a P. “Venga, dime algo”, insistió P. R quiso decir “¿en serio que no puedo fumar?”, pero se calló. Ella le miraba fijamente a los ojos y R no sabía cómo salir del paso. Al final, la agarró de la cintura y la empezó a besar en los labios mientras le arrancaba la blusa. La desnudó bruscamente, en menos de un minuto. A P le gustó, casi tanto como la frase. Se excitó mucho. R es un chico que sabe lo que le hace feliz a una mujer, pensó. Ya en la cama, P devoró a R. Se fijó en sus ojos, en sus labios, se clavó sobre él pensando que el amor de su vida al fin había llegado. R, mientras tanto, buscaba una frase con la que convencer a P que era capaz de enamorar a una mujer con unas bonitas palabras. Pero no se le ocurría nada. Mientras P se estremecía, R se sumía en la frustración. Necesitaba una frase. No se podía correr. Después de dos horas, P se retiró rendida, convencida de que se encontraba ante una verdadera máquina de amar. “Es el hombre perfecto”, resolvió. Se había enamorado. R, sin embargo, se repetía la misma pregunta: “¿Y yo qué le digo ahora?”. P se abrazó al pecho de R, le besó en el hombro y cerró los ojos, quizá pensando en el siguiente regalo de amor que recibiría. Pero R seguía en silencio. Le dio un beso en la frente, le acarició el pelo y la espalda y trató de ganar tiempo. Debía decir algo bonito. “No dices nada…”, murmuró P con los ojos entreabiertos. R miraba al techo con la mente en blanco. Se dio cuenta de que solo tenía una salida. “Lo siento, pero tengo que marcharme”, afirmó. En un instante, se levantó de la cama y se puso los pantalones. Nunca se había vestido a mayor velocidad. P lo observaba fijamente. R cogió la chupa y, con un gesto de suma tristeza, se despidió. P se abrazó las piernas y se dio cuenta que además R tenía un punto misterioso que lo convertía en irresistible. R se quedó parado en el portal. Observó cómo amanecía. Se encendió un cigarrillo y comprendió que nunca más la volvería a ver. Se dio cuenta de que él no sabía decir cosas bonitas. Las imágenes que acompañan este relato forman parte de la serie "Cartografías", de Tatiana Parcero, una artista mexicana que utiliza su propio cuerpo para construir una nueva geografía interior. En pocas palabras... Por C. de la Vega Buenas a todas. Sé que me habéis echao de menos, a vuestro coleguita, a vuestro ayatolá de la noche, a vuestro poeta del aquí y el ahora, a vuestro rey de copas. Desaparecido en las tierras de Chauen, eso sí, pero de vuelta. Traigo toda la sabiduría de los montes de Ketama, unos cuantos talegos de doble zero culero y ganas de todo. Ayer quedé con el Neo y lo vi peor que nunca, ha pillao la gripe ésa y se le han puesto los forúnculos cuadrados. El cabrón va por los colegios explotándoselos sobre las piruletas que luego les regala a los críos. ¡Hay que ser imbécil! Así luego no hay quien se acerque a la escuela a pasarles droga sin resultar sospechoso. Así no hay manera de reflotar el negocio. Si nos fallan las nuevas generaciones… Por cierto, que he oído que el uno por ciento de los chavales de trece años ha probado la cocaína. No sé, no sé, yo los que conozco se meten todos. Creo que la mejor edad son los once, justo antes de pegar el estirón. Les dices que es pica-pica para la nariz y les encanta. Más que el tulipán. Qué bonita es esa inocencia… En fin, que los que tenemos callo de aquí ya no nos mueve nadie, como del barco de Chanquete. Hostia, que me da la nostalgia. Besos a todas. El alemán Marcel Steger toca todos los palos, pero nos gusta especialmente cuando se pone gamberro. De vuelta... Por El Sastre Sonia Fides nos envia un breve cuento sobre el tiempo, el momento y el cuerpo. Es precioso. El problema ha quedado expuesto parece que no tiene solución Christina Rosenvinge La muchacha era demasiado mayor para llevar vestidos transparentes, demasiado joven para encadenarse a unas gafas de sol para que la genética escupiera sus primeras arrugas. El tiempo siempre se olvida de esas mujeres a las que el Altísimo quiere que le sigan sentando bien unos pantalones vaqueros. La muchacha era demasiado mayor para quedarse quieta en la foto, algún asesino había hecho desaparecer su Polaroid justo ahora que estaba dejando la juventud. Salió corriendo de la habitación, algo le decía que no debía fiarse de las cámaras digitales. Sonia Fides (21 de julio de 2009) Katika & Polaroids experimenta con el color y el calor de la imagen casi instantánea, esa que se asemejaba a un pequeño momento perturbado y fugaz. Clic... Por Alicia Lázuli Hemos tardado un poco, pero por fin han llegado las soluciones a nuestro cruZigRama publicado el pasado 31 de mayo y recogido en la exposición Zaragoza Rebelde. Espero que hayáis acertado... Hasta la próxima... Por Cuca Guillén Cuando me lo dijo Paquito, me quedé ‘astonished’, oyes. “I don’t relieve it, Paquito”. “Que sí, tía, que he invitado a las más fashion de la peluquería y tú no me podías faltar, darling”, me dijo. “Pero, ¿no habrás avisado a las perracas de la Peñaza, no?”, le pregunté yo. “Que no, mi amor, que solo estará lo más granado, todas amigas mías, modernas, ya sabes... Bueno, como tienes chacha, tú te encargas de la comida. Que no falte el caviar, mi amor…”, me contestó. Cuando se lo comenté a Pitusa, casi me da un bofetón. “¿Qué te vas a una fiesta con gente toda vestida de blanco, a un parque, en plan botellón clandestino, como los pobres?”, me gritó. “No te enteras, Pitusina, que esto es lo más ‘chic”, le respondí buscando la puerta. En cuanto me quité a Pitusa de encima, me compré un Dolce Gabbana blanco por eso de ser transgresora y me empecé a pintar como una loca, no fuera que se notara que me salté mi última sesión de bótox. El pasado 3 de junio se organizó una cena en blanco en el Parque Grande, al estilo parisino. Para ilustrar la crónica de lo que allí le ocurrió a Cuca, hemos escogido una fotografía de la alemana Claudia Rogge, siempre tan fascinante. De blanco... Procol Harum - A Whiter Shade Of Pale.mp3 Dan Reeder - A Whiter Shade Of Pale.mp3 |