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La caja de los hilos

FRANCESINHAS

FRANCESINHAS

Por C. de la Vega

Vengo de vomitar un cachorro especial con francesinha. Un cachorro es un perrito caliente, sí, pero, ¿qué es la francesinha? Esta pregunta me venía rondando desde que pisé Oporto ayer por la tarde. En todas las cartas de restaurantes y bares hay francesinhas. Es como una sección más. Bocadillos, sandwiches... y francesinhas. “¡Prueba nuestras exquisitas francesinhas!”, me venía un colega por la izquierda. “La francesinha más rica de Oporto”, me empujaba otro por la derecha. Y francesinhas por aquí y por allá, y nadie sabía decirme qué eran. “Es una salsa especial", oí comentar a un gallego que llevaba tiempo por aquí (dado al alcohol, claro). Por fin probé lo que era la francesinha. Fue fácil, entro en un bar y pido un cachorro especial con francesinha. Me sacan una especie de sopa de grasa anaranjada en la que flotan unas patatas fritas casi disueltas y un perrito caliente convertido en gelatina. Todo recubierto, eso sí, de un capa de queso fundido hinchado también con aquella intratable salsa. Aggg... El dueño me mira con carita de ángel, de ésas que dicen: "Te lo he preparado con el cariño de una madre". Así que empiezo a comer. Me meto un bocao y sonrío. No puedo evitar que se me salten las lágrimas. Como si una babosa en aceite se me hubiera instalado en la lengua. El dueño sigue mirando. Procuro mantener la sonrisa y pensar en algo neutral. El río Duero, con sus peces y tal, qué lindo. Y otro trozo que va a la boca, y otro. Me lo metí estoicamente y pagué. Entonces salí del bar y, al doblar la esquina, lo poté todo. Aún me tiemblan las piernas. Por lo demás, Oporto es una ciudad guay, coleguitas. Tiene un puente que une las bodegas donde se produce el vino a un lado de la ribera con las terrazas donde se consume que están al otro. ¿Puede haber mayor perfección? A propósito, que el puente éste lo hizo el mismo gachó de la Torre Eiffel. Salta a la vista. Les debió sobrar hierro allá y decidieron hacer un puente, fijo. Pero el trabajo se lo dan al mismo. Haz una torre y no te faltará trabajo nunca más. Así es esto, así de triste, coleguitas. Mientras los trabajos se sigan dando a dedo seguiremos luchando. Tengo colegas que llevan una vida entera intentando que le den permiso para hacer un puentecillo en el Huerva. Nada, una cosita de madera pequeña. Otro que conozco yo daría todo lo que tiene por hacer una torre diminuta. ¡Qué menos que una torrecilla en Torreciudad! Pues no, para éstos no hay nada. Y ahí tenemos a uno con torre que te cagas en París y puente en el Duero. Por esto denunciamos el Sistema, sí, coleguitas, por eso Komba-timos.

La ilustración ha sido ideada por La caja de los hilos con la colaboración inestimable de un amigo del planeta Mojizu

Y de regalo...

Mariza - Transparente.mp3


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