La caja de los hilos |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2008.
Por El Sastre Ya treinta años buscando su identidad. A veces se emociona creyendo que es cualquiera de los personajes del último libro que ha leído o de la última película que ha visto. Otras veces se asusta al entender que no es posible ser un día el vaquero y otro el indio. Le interesan casi todas las cosas, aunque en ocasiones cree que nada tiene interés. Le gusta mirar el río desde la ventana. Es consciente de la suerte que tiene al poder disfrutar de la casa que sus padres compraron en el Arrabal cuando Fede, el mayor de sus dos hermanos, abandonó Teruel para estudiar ingeniería agrícola en La Almunia. Empezó la carrera de Magisterio, después se matriculó en Historia del Arte y más tarde creyó que el trabajo social era lo suyo. No pasó en ningún caso del segundo curso. Ahora está pensando en estudiar Biblioteconomía. No tiene muy claro lo que quiere, pero sabe lo que no quiere. Como no tiene que pagar alquiler, prefiere trabajar sólo media jornada. Siempre se enamora para siempre. Su último pesar de amor la condujo al psiquiatra y el taxi que cogió al salir de la consulta una tarde de noviembre, la condujo a este blog. Aya Kato es una joven ilustradora japonesa que en el borrón descubre un suspiro erótico. Por Alicia Lázuli Estoy aterrorizada. Me siento como si alguien me hubiera empujado al centro del escenario de un teatro lleno de espectadores sin haber siquiera leído el guión. Pero ¿en qué lío me he metido? Con lo tranquila que yo estaba acudiendo a mis terapias los martes y los jueves tuve que tropezarme con el puto taxista aquel: “No pierdas el tiempo llorando en los asientos de los taxis y de los psicoanalistas. La vida es una caja llena de hilos”. LA VIDA ES UNA CAJA LLENA DE HILOS. Sonó tan rotundo y me pilló tan desprevenida... Fue como la mañana en que entró en la cafetería aquel hombre alto, demasiado bien peinado, con un abrigo impecable de color ocre y, sin parpadear, dijo mirándome a los ojos: DEME DINERO. Yo abrí la registradora y le di un billete de diez euros. El hombre bien peinado metió el billete en su bolsillo y se marchó. Jacinto, el primer cliente del día, que en aquel momento tomaba un café, no dijo ni media palabra. Terminó su café, dejó, como siempre, un euro en la barra y salió después de desear, también como siempre, buenos días a los seres que habitan la nada, porque nunca se dirige a mí, siempre lanza al aire sus “buenos días” mientras camina hacia la puerta. Tardé unos minutos en reaccionar, que no en comprender, porque comprender todavía no he comprendido. Saqué de mi bolso diez euros y los puse en la registradora ¿Qué podía hacer? ¿Cómo iba a explicarle a Luis, mi jefe, lo que había ocurrido? ¿Qué podía decirle? ¿Que me habían atracado? Me pediría detalles y no podía explicar que había sido atracada por el procedimiento de la determinación sin titubeos... seguramente pensaría que era gilipollas y no titubearía al despedirme a continuación. En fin, que aquí estoy, como aquella mañana junto a la registradora del bar después de desaparecer el hombre bien peinado del abrigo ocre, en el escenario de La caja de los hilos, sin comprender cómo he podido hacer caso a un taxista pirado que, para más inri, lleva una pistola en la guantera. Aya Kato nos presenta en este post su sugerente versión de "Alicia en el país de las maravillas", de Lewis Carroll. Hoy el cuerpo nos pide escuchar a los Beatles... Por C. de la Vega Soy poeta. Soy un poeta sin poemas, cierto, pero así empezaron todos los grandes. ¿O acaso se conoce alguna obra de Shakespeare antes de que escribiese su primera obra? ¿Y de Machado o de Baudelaire? Y entonces... ¿Acaso no eran poetas antes de escribir poemas? ¡Por supuesto que lo eran! Uno es poeta hasta que no se demuestre lo contrario y eso solo sucede cuando muere y no deja ningún poema en su legado. Sólo en ese momento se puede afirmar que alguien no ha sido poeta. Nunca antes. Lo digo y no me cansaré de repetirlo hasta cerrar las bocas de los bocazas y los oportunistas. Las bocas de esos mamones comepollas. Esta mañana he entrado en la redacción a las ocho en punto. Fiel a mi propósito de enmienda he hablado con el Sastre para que orientase mi próxima publicación, dispuesto a no dejarme llevar por mis impulsos y colaborar con el desarrollo de este blog, que es mi casa. Siguiendo sus indicaciones, he comenzado a preparar una crónica sobre mi estancia en UK y sobre la fiesta de Año Nuevo en la nave. Me esforzaba por ser correcto en las formas, por ser justo en los contenidos, elegante en las expresiones, agudo en los comentarios, imparcial en los juicios. Me esforzaba por informar honestamente. Pero entonces se abrió la puerta de la redacción y un tacón negro cruzó el umbral. Sostenía un cuerpo sumamente delgado, rozando lo enfermizo. Era la nueva. Durante unos instantes permaneció inmóvil observándonos. Tomó aire y comenzó a caminar. Los tacones se dirigieron con determinación al despacho del Sastre. Ella, lánguida, se contoneaba perezosamente, como si estuviese siendo arrastrada en contra de su voluntad. Su frágil cintura amenazaba con partirse en cada vaivén. Pasó delante de Neo, que con los ojos como platos masculló: "Menudo chocho". Recorrió el espacio que separa la puerta de entrada y el despacho del Sastre sin mover el aire, como un espectro, como una silueta pura. Sólo una extraña fragancia delataba su materialidad, una esencia de tomillo mezclado con acetona quitaesmaltes. La puerta del despacho se cerró tras ella, y yo corrí al baño situado en la habitación contigua. Una vez allí saqué el fonendoscopio que siempre llevo encima para escucharme el corazón y lo pegué a la pared. Oí tan sólo una frase pero fue suficiente:"...como los textos de Coleguita, sin ambiciones literarias", dijo ese diablo con cara de ángel. Salí del baño y borré el texto que preparaba con tanto mimo. "Ambiciones literarias", decía esa puta estirada. Al poco se abrió la puerta y el Sastre anunció que teníamos una nueva compañera. Alicia, la nueva, le guiñó un ojo a Amadeo, quien bajó la cabeza y masticó unas palabras para sus adentros. A ése no le engañan... Entonces se sentó enfrente de mí y abrió su portátil. Necesitaba espacio para el ratón así que, con cierto desdén, apartó el bonsai que Safo había colocado en la mesa tras la crisis navideña para concentrar la energía del aire y mejorar las vibraciones. Vi de cerca su rostro blanco surcado por ojeras hinchadas de llanto y me pregunté cómo se pronunciaría "ambiciones literarias" con una polla metida en la boca. Eugenio Recuenco es un fotógrafo español especializado en el mundo de la moda y la publicidad. Pero es algo más. Hoy nos apetece un poco de fuego... Rammstein - Te Quiero Puta!.mp3 Recuenco hizo un interesante trabajo con Rammstein como protagonista. Vicky, vista por el ojo mágico de Rogelio Allepuz, fotógrafo de El Periódico de Aragón. Por El Sastre A Vicky Calavia nos la acaban de traer de regalo los Reyes Magos. Después de su última aventura, Proyectaragón, ya estamos todos esperando la segunda edición de este apasionante recorrido por lo mejor del audiovisual aragonés. Mientras aguardamos, hemos compartido un rato de charla con esta mujer de luz y celuloide. La verdad es que nos lo hemos pasado en grande. Vicky, háblame de ti… ¿Y qué hace una antigua estudiante de Veterinaria metida en esto del cine? Travesía, Inventario, Proyectaragón… ¿Te has convertido en la gran propagandista del cine aragonés? Vamos, que tu vida es un festival. Y con tanto cine a tu alrededor, ¿no se te ha pasado por la cabeza ponerte detrás o delante de una cámara? Ufff… Estos tres meses de Proyectaragón se me han pasado volando, Vicky. ¿No te ha ocurrido lo mismo? Ya sé que es difícil, pero si tuvieras que elegir una de las películas del festival, ¿con cuál te quedarías? Lo admito, como a casi todos, me encantó “España baila”. Es la mujer iluminada, enfocada, reproducida, multiplicada... Es la mujer proyectada. ¿De los directores y artistas que han pasado por Proyectaragón, hubo alguno que te sorprendiera especialmente? Creo que no te has podido quejar de público… Pero me dicen que alguno salió pitando de la sala completamente escandalizado por alguna de las proyecciones. Supongo que tres meses de festival dan para más de una anécdota. Y ahora que se ha acabado, ¿cómo se te ha quedado el cuerpo? ¿Qué tal fue la clausura en la Oasis? ¿Habrá segunda edición? Vicky, ¿cuál es la película de tu vida? ¿Y tu vida da para un guión? Bueno, para acabar y ahora que no nos ve nadie, ¿me darías un beso de película? Y para cerrar, España baila... Alaska y los Pegamoides – Bailando.mp3 Johnny and Charley – La Yenka.mp3 Chimo Bayo – Así Me Gusta A Mí.mp3 Adamo – Mis Manos En Tu Cintura.mp3 Por El Sastre Nuestro colaborador habitual Pablo Díaz nos envía una reivindicación de su ateísmo. Aquí os la dejo. "Cuando era pequeño creía que el mundo desaparecía al cerrar los ojos. Por las mañanas las calles y las personas se disponían y se ordenaban para que yo las mirase. Y se mantenían así hasta que apartaba la vista. Entonces se desvanecían. Tal era mi convicción que a veces, en la noche, corría desde la cama a la ventana para pillar “in fraganti” a esa calle nocalle. O me daba la vuelta de repente para sorprender al mundo al revés, ese mundo informe y sin sentido que dormía durante mis ausencias. En algún momento de mi infancia dejé de creerlo. No fue traumático, no, puesto que ni siquiera recuerdo cuándo pasó. Supongo que un buen día consideré la posibilidad de que las cosas fueran y ya está. La hipótesis de un mundo mágico que se construía para mi entretenimiento dejó de tener sentido por innecesaria. Fue así, sin ninguna prueba concluyente, como de manera natural dejé de considerarme el centro del Universo. Y digo “sin pruebas” porque hasta el día de hoy nadie ha sido capaz de demostrarme que estaba equivocado. Algo similar me ocurrió en la adolescencia con la existencia de dios. Fue un largo despertar en etapas. Primero cayó el dios que mi madre había descrito al detalle durante cientos de mañanas de invierno en las que solía meterme en su cama en busca de calor y hambriento de historias. Le siguió el dios de la parroquia y poco después el dios cristiano. No tardó en desmoronarse el dios de dioses, el de todas las religiones, el dios en abstracto. Me convertí en ateo sin ninguna prueba concluyente, como en el caso de “el mundo a la medida”, la hipótesis de dios se desdibujó por innecesaria. No sabía entonces que era la Navaja de Occam el argumento que movía mis impulsos. En cualquier caso, quise proclamar mi ateísmo pero me topé con un muro de carga. Hasta la persona más sensata parecía azorarse con el sólo planteamiento de un mundo sin dioses. Me di cuenta de que decir: “dios no existe” era ofensivo y me sentí poderoso, podía escandalizar a placer. Así lo hice en reiteradas ocasiones durante mi adolescencia rebelde. Sin embargo, quizá por un mal entendido sentimiento de solidaridad, por un “no herir sensibilidades” o probablemente por el cuidado bien aprendido de no robarle la ilusión al niño que inventa el mundo, me declaré agnóstico cuando rondaba los dieciocho años de edad. Un agnosticismo blando que me permitía expresar opiniones sin quitarle el aliento al creyente. El creyente, ese ser delicado al que había que proteger de la duda. Tal fue mi deseo de agradar, que en alguna situación me vi envuelto en mentiras piadosas como: “¡Ojalá tuviera tus convicciones religiosas!”. Con el tiempo, no obstante, he ido entendiendo las profundas diferencias que separan la fantasía del niño de la creencia religiosa. Si la primera inspira el cuento de hadas la segunda motiva el drama carcelario. La fantasía es libre y personal mientras que la religión es una imposición que cobra sentido en colectividad, en rebaño. La fantasía no busca la aprobación de alguien ajeno a ella: si en su camino te toca, quizá te impregne. La religión, por el contrario, necesita convencer y manipular y si en su afán proselitista te toca a buen seguro te contaminará. La fantasía no mata. Ni tortura. La fantasía es fantasía y la religión es simplemente mentira. Ahora es el momento de decirlo. Soy ateo practicante y reaccionario. Pero si hay algún creyente que está leyendo nervioso estas líneas y que, sin querer, tiene clavadas las uñas debajo del asiento que se relaje, por favor. Que no me voy a cagar en dios. No. No me cagaré en dios puesto que no tengo dios en qué cagarme". N'REY es un ucranio muy imaginativo que descubrimos gracias a Enkil. Esta es su reinterpretación del hombre de Vitrubio, de Leonardo. Dos formas de aproximarse a una bella cancion... Por Cuca Guillén El otro día se lo contaba yo a don Damián, el parroco nuevo de Santa Engracia, que es un cura de los de toda la vida: calvo, viejo y de derechas, como Dios manda. Ya está bien de pastores descarriados como don Alejandro, que menudo follón montó. ¡Hasta tuvo que intervenir el arzobispado! Pues eso, oyes, que le decía a don Damián que todo se tambalea. Que si los gays, que si las prostitutas, que si los abortos, que si los divorcios, que si familias monoparentales que a saber qué leches es eso. Seguro que alguna cochinada que se ha inventado el PSOE… Chica, a este país nuestro no lo reconozco, con estos sociatas a los que solo les va la corrupción y el despelote. No puede ser, que una cosa es una cosa y otra un totum revolutum que nos va a llevar directamente a las calderas del infierno. Oyes, que se empieza por abrir un poco la mano y te cogen el codo y lo que no es el codo y esto acaba siendo Sodoma y Gomorra. Que la Virgen del Pilar nos proteja. No hay más que ver este blog, que se está convirtiendo en un antro de perdición y en un nido de rojos. Si ya me lo dijo Pitusa: “No te mezcles con la chusma que luego pasa lo que pasa”. Pues al final ha pasado. Primero fue lo del cura. Luego lo de las fotos blasfemas de nuestro Señor Jesucristo, que no quiero ni recordarlo. Menudo sofocón. Encima me entero el otro día que Amadeo, además de asaltar a señoras decentes, anda con mujeres de mala vida. Si ya sabía yo que ese hombre era un degenerado. Además, me acaban de decir que estuvo en la cárcel cuando gobernaba el Caudillo por ir con comunistas. Alabado sea el Señor, lo que me quedaba por oír. Luego, aquí hay alguno que anda colocando fotos de marranadas y escribiendo barbaridades de lo más soez. Parecen unos salidos estos de La caja de los hilos. El último artículo me ha dejado patidifusa. Va uno, que dice llamarse Pablo Díaz, y suelta que es ateo y otras cosas que no quiero ni reproducir. Como si aquí cualquiera pudiera decir lo que le da la gana. Ya solo les falta que pongan a una dulce monjita haciendo guarrerías. En fin, que lo que querrían todos estos zafios es que diera un portazo y me fuera. Pues no, no me voy, porque tengo la impresión de que nuestro Señor me ha encomendado una misión: me ha llevado hasta esta bitácora para que la devuelva al buen camino por la vía del apostolado. ¡Por mis narices que este blog va a ser católico, apostólico y romano! ¡No saben quién soy yo! ¡O si no, pido refuerzos a las de la Peñaza! Andrés Serrano, uno de nuestros favoritos, vuelve a este blog con uno de sus trabajos más polémicos, incluido en su serie "Interpretation of dreams", inspirada en el magisterio de Freud. La obra se titula "Triumph of the flesh". Rolling Stones – Sympathy For The Devil.mp3 Por Neo de la Olla AVPR no significa Asociación de Víctimas del Perecismo Rabioso. AVPR son nada más y nada menos las siglas de la lucha más esperada en los últimos años: Alien Vs. Predator (Réquiem). Los dos monstruos reunidos de nuevo en una peli en la que la sangre ácida y las cuchillas, la mirada láser y las lenguas-boca, las cesáreas sin anestesia, los cuerpos desollados, las incubadoras humanas, los tentáculos asquerosos, las rastas grasientas y las colas puntiagudas, las lanzas extraterrestres, las mandíbulas cruzadas y las caretas aztecas prometían fundirse en una acción sin límites. A tope. Sangre, sudor y sangre que (como decía mi hermano cuando hablaba del libro de un gachó ruso) "nos transportaría al paroxismo de la Verdad insospechada" (hay que ser capullo para decir esto de todos modos). Una película que nos traía además un regalito: el Predalien, que a diferencia de lo que mucha gente cree, no es un híbrido de Alien y Depredador sino un depredador incubado en el cuerpo de un Alien, un ser ochenta por ciento Alien y veinte por ciento Depredador, más o menos. Con esta emoción y diez bolsas de Chetos me metía al estreno el viernes pasado con Coleguita. Todas las localidades vendidas, gente de todas las edades: niños que tuvieron que abandonar la sala asustados, adolescentes escandalosos, matrimonios jóvenes, abuelos, selenitas, marcianos, venusinos... A mi izquierda había una mujer gorda y sola con la caja del Monopoly en el regazo. Miré a Coleguita y se apagaron las luces. La nave del depredador ya se estrellaba contra la Tierra... Aquí empezaron los disgustos. Nadie puede creerse que los Alien pudieran llegar al bosque en tan poco tiempo. La nave no había hecho más que estrellarse. Bueeeno, todo sea por la sangre. La cosa, sin embargo se puso pesada con algunos personajes sin importancia, chavales que total iban a morir... Por fin, después de mucho rollo vacío de seres humanos, llegó el Depredador y yo abrí la tercera bolsa de maíz. Venía lo bueno. La gorda de la izquierda, entusiasmada, levantó la tapa de la caja y sacó un bulto negro. Se lo llevó a la boca. Las luchas entre los monstruos fueron una mierda, siento decirlo. Las imágenes super oscuras en las que no se entendía nada, parecía una producción de segunda, una película de serie B. El sonido, al menos, estaba conseguido, aunque en nuestro caso se mezclaba con el tragar y regurgitar de la gorda, que engullía una morcilla mojada en yogur. Los piñones le caían por la barbilla. ¡Dios, qué asco! Daban ganas de potar. Entre las escenas irreconocibles de lucha los directores insertaron el rollo de un chico al que le pegan sus amigos pero que al final se folla a la guapa. Falso hasta decir basta. A mí siempre me han pegado mis amigos y sigo virgen. Además, el hijoputa se salva al final. Joder. Y ese final baboso, con una asiática mediando entre los mundos intergalácticos. Si al menos hubiera sido negra como en la primera parte... Salieron los títulos de crédito y la gorda eructó mandándonos a todos fuera. En fin, habrá que esperar a la tercera entrega. H. R. Giger fue el artista encargado de crear el mundo de Alien. Su obra no pierde espectacularidad con el paso de los años. Radiohead – Subterranean Homesick Alien.mp3 Lightning Bolt - 13 Monsters.mp3 Por El Sastre Josefina Ketamina vuelve a este blog para expresar una queja: hay demasiadas haches. No sé qué pensar. Dedicado a Azunnena. “Estoy asta el coco de la puta ace. Pensaréis que es una corrada, pero tiene más importancia de la que parece. La ace siempre me a estado jodiendo, desde que era cría, cuando mi ermano el Panco me coriceaba los cicles, el cocolate y otras cuces. Después, estuvo mangándome la cina de acís una temporada y en cuanto le ecó el ojo a un cavalote que me tiraba en la casa de mi vecina la Caro, me lo culeó el muy maricón. Me lo convirtió en un capero. Y así asta aora. Puta ace. Y en el insti, más de lo mismo. El Cema, que daba clases de istoria, me pidió una tarde que le cupara la pica. Le ice un trabajo fino, pensando en que tenía el aprobado eco. “Te voy a dejar deseca, más satisfeca que una puerca”, me decía el muy cabrón mientras yo le comía el rabo. Pero no sé por qué en cuanto le estaba desabrocando el pantalón me empecé a dar cuenta de que el muy ijoputa me iba a encufar el ciflo en la boca a cambio de nada. Así fue. Acabé toda perdida de lece y con tantas mancas en la falda que parecía que me había follado a un cimpancé. Bueno, aquello no eran mancas, eran carcos para ecar la tarde capoteando con los colegas. Años más tarde vino lo del gabaco aquel que cingué en un baño de un ciringuito de Cueca. Tenía la corra como una cimenea de Andorra, tan gorda que al metérmela en el cumino izo vacío y me tuvieron que llevar al ospital a cuatro patas, con el mamarraco aquel encima, que además era faca y primo de Maricalar. Todos los mierdas del bar aquel se desuevaban mientras me miraban las tetas. Creo que me sacaron el moco de aquel animal con un par de cortes de cucilla, para que se le bajara la incazón. Que se joda. Me acordaba de todo esto porque anoce, en la Magnética, me fui con un culazo que me tenía ecizada a meterme en su coce dos rayas de coca por la toca y, de paso, para ver si me lo follaba. Se llamaba ugo. Admito que le abía estado dando la capa toda la noce, pero abía que aprovecar, que desde que comenzó el dosmiloco no me e llevado nada al coco. Pero todo lo que tenía de guapo lo tenía de uevón. Tenía que aber pensado antes que abía una puta ace de por medio. Ya empezó aciéndome un cupetón en el cuello, con lo que le jode a mi maromo que le llegue marcada a casa. Pero encima, en cuanto encendí la meca de la traca, no tardó ni tres segundos en ecarme un corretón de lefa en la cara que casi me salta un ojo. Del susto me metí una ostia contra la puerta y me llevé el cicón de regalo, por si no tenía bastante. oy ni siquiera e podido ir a currar a la carcutería. Y así toda mi puta vida con la ace. Por eso no entiendo este blog, me siento en territorio ostil, ostigada por la letrita de los cojones. Muco ilo, muco arapo, muca elena, muca ada… ¿Pero es aquí están todos calados? Que os den”. La imagen que ilustra este artículo es fruto del talento de la artista zaragozana Helena Santolaya. Un poco de Manu Cao... Manu Chao - Me Llaman Calle.mp3 Manu Chao - Tristeza Maleza.mp3 Por El Navegador Hoy voy a cambiar de tercio, que toca hablar de poesía. ¿De poesía? Sí, de poesía. Qué pasa, ¿que a mí no me puede molar la poesía? Pues me mola y mucho. Ya sabéis que yo no soy de libros, que con el portátil me sobra. Pero el surtido de poetas cibernautas es tan vasto que al final te enredas con uno o con otro y te acabas enganchando. Pero no quería hablar de la poesía en internet en general, donde hay sobredosis de blogs con unos arrebatos de lirismo petardo que puedes acabar flipando. Prefiero ir a lo seguro y centrarme simplemente en la mejor bitácora de poesía que yo he disfrutado en mis largas noches de navegación: la de Ana M., la verde doncella, la manzana más apetitosa de todo el frutero. Yo no la conozco, pero los carretes sin hilo dicen de ella que "tiene un efecto magnético gracias a esos ojos de Uma Thurman y ese verbo cautivador". Me comentan que es rubia, guapa, lista, joven, valiente, divertida, culta, socarrona, tierna, pizpireta, pinturera, apasionada, tenaz, moderna, curiosa y un montón de cosas más. Vamos, una niña preciosa y una poeta inquieta y perturbadora. En "Carpe Noctem", escribe: "Y ellas vuelan, vuelan, las prostitutas del hambre, con el deseo entre las piernas y una promesa de dormir siempre sucias". Vaya. Su blog, que es una delicatesen de humor y amor, recurre al diario apresurado para obsequiar al personal con versos, epigramas sorprendentes, avisos, noticias, fotos, cariños, alguna aventura y otras cosas. De vez en cuando, se deja llevar por lo prosaico y lo "croqueto" con La Rubia Tonta, que le revoluciona un poco el cotarro con sus historias de Terelu. Pero Ana M. ha sido además el vehículo transmisor para que, al menos yo, que soy un poco zopenco, conozca a poetas imprescindibles: ahí están los chicos de Sopa de poetes, los de Calambres exquisitos, Sonia Fides, Luna Miguel o Marta Navarro, de Entre Nómadas. Es un goce leer a Fernando Sarría, que le regaló a Ana M. unos versos bien guapos con motivo de su cumple: "Templa la aurora en tu cuerpo su mano blanca / y en tus ojos el cielo se eterniza, / mientras la risa sigue lenta / el fluir nacarado de tu boca. / Tú te abres al mundo / rodeando de flores olorosas las palabras / elevando el precio de un silencio / al mágico valor de la ternura". Pues eso, que no os la perdáis. Merece la pena. Está aquí cerca. La chica de la foto no es Ana M., pero podría serlo. Se trata de una de las modelos del artista belga Ben Goossens, un experto en las fotocomposiciones más surrealistas, a las que suele dar un suave sabor a manzana. No sabemos por qué, pero Ana M. nos recuerda a Debbie Harry. Será por el corazón punk... (La cafetería tranquila. Enrico y yo y una pareja en el rincón que se decía cosas en voz baja. Mesas de mármol bajo una claraboya que filtraba una luz tenue, insuficiente para la lectura. Un café solo y una horchata. Sonaba Sueño de amor de F. Liszt). “Me hablas de la Idea y yo imagino un caracol. Redondo. Bello. Perfecto. Después me obligas a hacer de esta imagen un absurdo quebrado y feo. El concepto. Y dices que el concepto es necesario para la comunicación. Lo siento, Safo, me parece desolador. ¿Por qué es necesario el concepto? Dime, ¿por qué es necesario algo tan feo? Concepto, hasta la propia palabra es fea”. Enrico hablaba despacio como si a cada palabra le precediera un pensamiento. Hablaba y masticaba el aire. Hoy, sorprendentemente, el aire sabía a limón. “No hay nada feo en aquello no bello mientras no pretenda serlo. Sencillamente, Enrico, el concepto no pertenece a la categoría de Belleza, sino a la de lo útil. Y es por su utilidad por lo que debe ser juzgado. La idea es redonda y bella. Cierto. Sin embargo, tan perfecta es como inaccesible a todo aquel que no la ostenta. Lo que para ti es Idea para mí es Cosa. Por eso es necesaria la Palabra. La Palabra proyecta la Idea y origina el Concepto. Como sombra, el Concepto es una simplificación de la Idea, una normalización de ésta. Pero como producto normalizado es válido para el intercambio, para la comunicación”. Las últimas palabras incomodaron visiblemente a Enrico. No era difícil de ver. Sus angulosas mandíbulas terminaban en una bola inflamada, tanto más abultada cuanto más apretaba los dientes. Sus ojos nerviosos buscaban ávidamente alguna respuesta en el suelo o en el aire. Al final me miró decidido y dijo: “Por un lado dices que la Palabra proyecta mi caracol en ese dibujo quebrado y yo no veo palabras en nada de esto. Por otro lado, si la belleza desaparece en la proyección, entonces ¿de qué manera podemos expresar o comunicar belleza? ¿Acaso no existe la Poesía?”. La melodía de Liszt cruzaba indolente el espacio. La Belleza misma no necesita reivindicarse, pensé. Respiré hondo y contesté: “Mi querido amigo, respecto a lo primero, nunca he dicho que la Palabra se redujera a las palabras. Ya hablaremos de esto más adelante… Afortunadamente, el Concepto no es la única proyección que la Palabra puede ofrecer desde la Idea. Es la más simple, eso sí, y también la más alejada de ésta. En el otro extremo encontramos la sombra más afín a la Idea: la Metáfora. Imaginemos unas manos haciendo sombras chinescas. Identificaremos las manos con la Idea, el foco de luz con la Palabra y la sombra será lo que vemos, el elemento común, es decir, el Concepto o la Metáfora. Según coloquemos el foco en una posición o en otra las sombras cambiarán aunque las manos sigan siendo las mismas. Habrá una posición en la que las manos serán difícilmente reconocibles en la sombra. A esta sombra la llamaremos Concepto. Sin embargo, existirá otro lugar preciso en el que el foco proyectará las manos con la mayor fidelidad. Esa sombra será la Metáfora. La Metáfora, Enrico, es el lenguaje natural de la Idea. Y sería el más común si no fuera porque no existe una manera sistemática de encontrarla. La Metáfora se adapta a la Idea como un traje hecho a medida que sólo el sastre, en sus funciones superiores, es capaz de diseñar”. “¿Y quién es el sastre?”, preguntó Enrico intrigado. “El sastre es el poeta o el científico. El sastre es el creador. Tú puedes ser el sastre”, respondí. Y Enrico se sonrojó. "Hand Shadows To Be Thrown Upon The Wall" es una obra fascinante que nació de la imaginación y creatividad de Henry Bursill allá por 1859. Prueba tus habilidades con las sombras, las palabras y las ideas... Por El Sastre Tomás Lobo nos aconseja la serie "Les Immobiles", de Jean-Paul Four, que reivindica el cuerpo desnudo como vía de acceso a la verdadera intimidad. “Las luces lujosas, los cuerpos de escándalo, las miradas acrobáticas... La sucesión de fotógrafos que repiten una y otra vez el mismo esquema de erotismo de plexiglás es infinita, por lo que al final es difícil diferenciar a uno de otro. Uno de estos artistas es Jean-Paul Four. Se trata de un verdadero especialista en parafernalia fetichista y sadomasoquista, hasta ahora casi su única herramienta estética. Si no fuera por su último (y drástico) cambio de registro, no me hubiera fijado en él jamás. Navegando por Las insólitas aventuras del pez, me encontré con uno de sus trabajos más recientes, que recibe el título de “Les Immobiles” . Se trata de una serie de fotografías en las que hombres y mujeres de lo más corriente posan desnudos con los ojos cerrados. No importa la belleza, la edad, el peso o el sexo. Como recurso expresivo, no es el colmo de la originalidad, pero Four logra engatusarme con un juego divertido: ¿En qué estarán pensando estos seres anónimos al descubrirse ante la cámara? ¿Pensarán en el sexo? ¿En el amor? ¿En el dinero? ¿En el trabajo? ¿Pensarán en lo que pensará quien les acabe observando? El cuerpo se puede tocar, observar, recordar e incluso fotografiar. Puede ser objeto de análisis y estudio. Pero sacar a la luz los secretos del alma es una tarea que, al rebasar los límites de lo físico, da pie al engaño y a la confusión. Con esta obviedad juegan los inmóviles, con sus párpados como único disfraz. Sin restarle erotismo, esta obra transmite una quietud provocadora. Nada que ver con las damas lujuriosas de cuero, correaje y fusta con las que se suele entretener Jean-Paul Four. Salvando las distancias, esta sucesión relajada de caras, que parecen esconder una placentera introspección, tiene algo de las excitantes Chewing Girls de Clémence Veilhan. Al menos, existe cierto lenguaje compartido. Tanto Four como Veilhan ofrecen al espectador una reivindicación del cuerpo desnudo como vehículo para iniciar un estimulante recorrido hasta el fondo mismo de la intimidad y el deseo. El viaje promete ser apasionante. Solo es necesario abrir los ojos". Hoy nos vamos a desnudar... |