La caja de los hilos |
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Por Amadeo Martillo A mí no me gusta trabajar de día. Solo cojo el taxi a primera hora cuando no hay quien aguante a la Gorda en casa. Y no sé qué es peor. Si resistir las gilipolleces de mi mujer o a la clientela diurna: los picapleitos espigados que piensan que les timas al evitar las calles en obras, las estudiantes pijas que llegan tarde al instituto, las amas de casa que te llenan el coche de olor a pescado y sobaco… En fin. Pero si hay algo que me toca los huevos son los putos críos. De día hay críos. Y yo odio a los críos. Ayer, al mediodía: “Por favor, acelere, que no llegamos al médico. Y apague el cigarrillo, que está prohibido. No ve que la niña está llorando…”, me dijo una bruja de nariz apepinada, pestañas postizas y pestazo a laca. Apreté las manos en el volante para no hacer una locura. Los gritos de aquella criatura infernal rebotaban en el chasis y me hundían el cráneo hacia la garganta. Fantaseé: “¿Si le metiera una Mágnum del 44 en la boca seguiría llorando?”. Al llegar al centro de salud, la bruja pagó la carrera y se bajó del taxi. La borde de la niña dejó de gemir. Me miró con una sonrisa torcida. Menuda hijaputa. El artista que ilustra este artículo es Jill Greenberg, que tiene un don para hacer llorar a los niños. Angelitos... Una vieja canción... The Beatles - Here comes the sun.mp3
Fecha: 14/11/2007 08:44.
Fecha: 14/11/2007 12:26.
Fecha: 15/11/2007 11:11.
Fecha: 18/11/2007 00:27. |